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Nazarín de nuevo.

CUATRO estaciones.

La otra noche intenté desde la cama caminar, conducir, buscar aparcamiento una y otra vez, subir los seis escalones, tomar el ascensor, pulsar el interruptor de la luz de planta, llamar al timbre... como lo estuve haciendo todos los años que Ella vivió aquí. Salí de mi casa, subí en el coche, recorrí mi calle, llegué al cruce y torcí para la derecha.
Cinco o seis metros mas adelante, justo al pasar por casa de un amigo del colegio, se instaló la imagen de su padre. El pobre hombre murió hace unos años, cuando la vida empezaba a sonreírle un poco.
No pude seguir recordando el camino, me quedé dormido. Lo extraño es que paso a diario por ese mismo sitio y nunca asocio la casa de mi amigo con su padre muerto, solo pienso “La casa de Merino”.

Este es el disco que me está alegrando la aburrida noche.
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